24 de septiembre de 2015

Alzhéimer y Enfermería, un canto vitalista a los cuidados centrados en la persona

Nos encontramos en la planta de Geriatría de un hospital o residencia cualquiera, es la primera hora de la mañana y las personas ingresadas o institucionalizadas aún se encuentran adormecidas. Una enfermera de mediana edad entra en la habitación acercándose al paciente, que aún dentro de su deterioro cognitivo, al verla, se siente agradecido y reconfortado porque la conoce del día a día.

En otros casos la agitación, la agresividad y la repetición de preguntas hacen que la tensión emocional aumente en ese primer contacto de la mañana, siendo una importante fuente de estrés, tanto para el enfermo como para la profesional. La clave, además del tratamiento farmacológico adecuado a cada persona, es el entrenamiento (y no mera información) en habilidades y técnicas para afrontar la tensión ocasionada en el cuidado diario, buscando reducir tanto la frecuencia como la intensidad de los comportamientos problemáticos, unido a los recursos complementarios ajustados a las necesidades de tiempo (siempre es insuficiente debido a la enorme carga de trabajo fundamentalmente en instituciones), así como los cuidados específicos que necesita cada persona afectada por demencia.

El Alzhéimer es un problema social que en mayor o menor medida nos afecta a todos, no conoce de fronteras ni de culturas y no es una enfermedad exclusiva de gente mayor, ya que también afecta a personas jóvenes de 40, 50 o 60 años y esto va en aumento. De hecho, España se sitúa por encima de la media europea siendo el segundo país de este continente con una mayor tasa de prevalencia de demencia entre su población.

Supone el 1,36 por ciento del total de su población, y si hacemos cálculos comprendemos la magnitud que tiene el problema y los tremendos costes que supone para la sociedad, algo que aún no se ha considerado realmente como una prioridad esencial por parte de las autoridades competentes a nivel nacional.

Hoy sabemos que el alzhéimer comienza 20 años antes de que la persona olvide donde dejó aparcado el coche, o el nombre de su hijo; ya entonces se ha producido una lenta acumulación de la proteína beta-amiloide que ha comenzado a dañar las neuronas.

¿A qué se debe esta dolencia? El envejecimiento de la sociedad es, sin duda, el principal factor. De hecho hoy sabemos que todo el mundo entre los 70 y 90 años acumula pequeñas cantidades de esa proteína en el cerebro. Pero para la mayoría no es un problema hasta los 80 años, cuando comienzan a verse más y más casos. ¿Por qué? Pues sencillamente porque vivimos más años.

La pérdida de capacidades cognitivas es común con la edad y si un día se resuelve ese problema, y no se está actualmente tan cerca de hacerlo, viviremos más y viviremos mejor aunque habrá otras enfermedades esperándonos.

¿Puede prevenirse? Siguiendo las recomendaciones básicas de cualquier médico, es decir, comer sano, hacer deporte y evitar el colesterol, los problemas cardiovasculares y de tensión arterial, junto con una actividad intelectual mantenida podría retrasar la enfermedad.

¿Se puede curar el alzhéimer o sólo detenerlo? Por ahora no podemos hablar de cura, quizás en 20 o 30 años; el primer objetivo es tratarlo y, en último término, prevenirlo. Curarlo será más difícil. En los últimos tres años, los investigadores de la enfermedad han aprendido que no el tratamiento en la fase moderada es simplemente paliativo, y tiene que ser en la fase inicial o leve, cuando los fármacos y otras terapias congnitivas son más eficaces.

Sin embargo, enfermería sigue siendo la/el compañera/o de fatigas de la persona con demencia, su terapeuta, su amiga, su psicóloga, en definitiva esa persona que juega un papel muy destacado en la evolución de su enfermedad. Son profesionales muy capacitados y con una información adecuada respecto a la evolución de los distintos tipos de demencia, sobre todo Alzhéimer, así como a la medicación existente en la actualidad que sirve fundamentalmente para paliar los síntomas, no para detenerlos, centrándose principalmente en el control de los mismos a través de la farmacología y el control de las emociones ante los cambios de conducta del paciente.

Es ahí, donde creo yo, que la información es insuficiente fundamentalmente en los aspectos no farmacológicos, las necesidades emocionales, la repercusión social de los síntomas, la propia percepción de la enfermedad por parte de la persona afectada en función de la fase en que se encuentre y el apoyo que pueda tener por parte de su familia, cuando la tiene y se implica en la atención de su familiar enfermo.

Teniendo siempre presente que el agotamiento físico y psicológico así como el estrés, pueden provocarnos cambios de humor y que nuestras emociones se encuentren a flor de piel saltando a la mínima.

Estos cambios de humos son muy normales pero es fundamental que aprendamos a gestionarlos ya que nuestro estado de ánimo va a influir en la relación con nuestra persona enferma  a la que atendemos.

¿Cómo podemos hacerlo?
  1. Identificando y reconociendo esas emociones así como los sentimientos negativos que tengamos.
  2. Hablar de ellas con amigos, otros cuidadores o familiares también te puede ayudar.
  3. Reconocer esas situaciones que desencadenan emociones negativas te va a permitir cambiarlas o evitarlas, o también volver a evaluarlas para encontrar aspectos positivos.
  4. Cada vez que te encuentres ante una situación conflictiva tómate un descanso y reflexiona sobre la situación.
  5. No te impongas autoexigencias demasiado elevadas, se realista respecto a tus capacidades y define bien tus prioridades en las acciones que realices para no hacer objetivos inalcanzables.
  6. Ponte límites en la ayuda que ofreces a la persona dependiente teniendo en cuenta tus limitaciones e independencia personal.
  7. No tengas miedo a pedir ayuda, ya que las Asociaciones de Familiares, Grupos de Autoayuda o de Ayuda Mutua y otras organizaciones sociales están para ayudarte.
  8. No olvides que los altibajos son algo habitual pero debes aprender a gestionarlos, por tu propio bien, por el de la persona a la que cuidas y por sus familiares.

Enfermería es esa llama que alumbra cada día y de forma continua la oscuridad, debido a la falta de memoria, abstracción, juicio… provocado por la enfermedad de alzhéimer.

Un afectuoso abrazo a todas y todos los compañeros y compañeras de profesión por su extraordinaria labor.


Juan Santiago Martín Duarte, enfermero de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Madrid (AFAL).


2 comentarios:

  1. Enfermería y alzhéimer, un trabajo extraordinario centrado en la persona enferma

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  2. Muy bella la frase de motivación.a enfermería. Excelente artículo.

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